lunes, 5 de diciembre de 2011
Volviendo
El tiempo ha corrido impetuosamente, y mis dias en altamar
ya pronto se acabarán, que curioso y extraño será pisar tierra
firme, pero es que ya no puedo ir tan a la deriva en mi vida,
yo lo se, y tu también lo sabes verdad? hemos intentado
besar las rocas junto a los peces, hemos mirado a la luna desnuda
en la intimidad del oceano infinito, cuando la noche es más clara
que el día y no hacen falta ni el licor ni el amor, sólo necesitamos
los ojos. Bueno, el punto es que estoy escribiendo esta mi última
carta desde el hermoso y grande barco de mi libertad, creo poder
ver a lo lejos el puerto y aun tengo que darme un tiempo para hacer
mis maletas, en unos minutos guardaré mis libros, mi pipa y mis
camisas, blancas como siempre claro.
Hay cosas que sólo se aprenden en altamar, cosas que ni aun en
el más grande de los lagos podrás ver ni vivir, como el sentimiento
de frescura del mar, saber donde nace el viento, ver con tus ojos
el embarazo de las nubes, ver como toman con sus manos el agua fresca
y apreciar con que arte le liberan de la sal pesado y espesa. Bueno,
eso jamás lo verás en tierra firme. Tampoco verás los rayos, tan
nitidos que puedes apreciar la mano de Zeus soltandolos, y crees
poder ver la boca de su fuerza al soltar los relampagos, jamás, jamás
podrás ver eso en otro lugar. El mar te ofrece paz, desde luego, cuando
así lo quiere, pero cuando es así, los dolores se vuelven enseñanza,
y los fracasos oportunidades, no hay amor que no pueda concretarse
en altamar y lamento, con mi corazón que usted, no haya tomado esta vez
este viaje conmigo, pero mi alma es sabia al volver del mar, y tengo
ideas que pienso concretar al verte otra vez.
Cuando cumplí mi cuarto mes en altamar, muchos ya no estaban y el barco
se volvió silencioso, paseando por la proa pude ver a la sirenas, hechas
no de carne, sino de espuma, blanca espusa son sus brazos y torso, dorados
sus rostros y multicolor sus hermosas aletas. Pocos pudieron verla,
y me siento feliz de haberlo hecho. Cuando tuvimos la opotunidad de nadar
en altamar, a cuidado del capitan pude ver creaturas gigantescas, inimaginables
para cualquier hombre. Me sentía pequeño, disminuido, y sin duda debil,
nadie puede pararse ante el mar y decir -Obedece mis palabras. Nadie
tiene esa arrogancia.
Cuando el mar te conoce te confia secretos, el mar conoce bien al hombre,
le ha dado trabajo, alimento, diversion, amor, paz, belleza, por siglos,
así que las palabras del mar, nunca se olvidan, pero como son tan sublimes
no puedo decirlas aqui, tendrás que esperar que mis labios te cuenten
al oido, la poesía del mar latente.
Y eso, de manera sencilla, es un poco mi sentimiento al volver de tan
increíble viaje, aunque aun no estoy en tierra, aunque aun no estoy
seco, creo que cuando mi mente y corazón supieron que volverian ya, me
aleje del mar maravilloso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMe he tomado la molestia, luego de darme cuenta de haber leído con anticipación y que he sido la primera persona en leer su epístola. He ido hasta donde ella y le he hablado, le he contado, le he mostrado su carta y me ha dicho que le mande a decir que ella pronto le escribirá una carta, contándole todo lo que ha descubierto emocionalmente al leer los libros que usted le dejó antes de partir. Por algún motivo pensó en que por mi medio su esperanza de contestación llegaría más rápido. Por eso mi señor y a encargo de ella, le pido aguarde su carta gustoso, ella está tan feliz y emocionada como usted con su vuelta y al leer que sus "labios le contaran al oído, la poesía del mar latente" se ha exaltado tanto que ha partido a primera hora al pueblo a comprar telas para un vestido nuevo para deslumbrarle a su vuelta.
ResponderEliminar