domingo, 25 de diciembre de 2011
Del Tiempo y de las Botas
Camino por el valle "la teja" saliendo de los bosques vecinos del mar,
me dirijo a un paso obligado para poder llegar a la primera ciudad más
o menos poblada, donde podré hacerme de ropa, comida y quizás de algún
medio de transporte. Jake me ayuda a no perder el camino, ya que se nota
demasiado que no es muy usado por los viajeros. Quizás el capitan del
barco no sabia mucho de es estas tierras, pero pensar esas cosas ya
no valen la pena. De camisa abierta, pantalones cafés, un trozo de tela
que afirme mi cabello y una mochila de cuero, es todo lo que decidí
traer conmigo. Pero sin duda lo mejor de todo (aparte de ir corriendo
a sus brazos) son mis botas. Si, mis botas, botas de cuero perfectamente
hechas a medida. En vez de vender mis cosas por dinero a los pescadores
que estaban en la misma caleta que yo, hice trueque, y lo mejor que logre
fueron estas botas. Son muy cómodas, y el duro camino se hace más aceptable
con ellas. A jake igual le compré unas y no para de hacer piruetas
increíbles ya que ahora tiene con que proteger sus pies.
Mi dama, recorrer mil kilometros no es nada comparado a lo que me espera a
su lado, mil años de amor. Espero que estés muy bien, y aunque no existe
modo de hacerle llegar mis cartas, se las mostraré cuando llegue a casa,
nuestra casa, tan hermosa e iluminada, sólo nuestra, pensando estas cosas
el tiempo vuela y mi corazón también.
Siempre suyo Alexis.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Ya voy.
Frente a un gran charco de mar, pienso, aun no he tomado
mi transporte para acercarme a una ciudad, de hecho, tendré
que hacerlo si o si, porque el barco me ha dejado a unos
cincuenta kilometros de un pequeña cuidad, no estoy seguro
si exista algún tren que me pueda llevar a casa, espero que si.
Es interesante estar de nuevo en tierra, al bajarme del barco
un negro me ayudo con las maletas, un joven llamado Jake, alto
de ojos negros, pero con una amigable sonrisa, así que le contrate
para que me ayude en todo lo que necesite. Estaba muy mal vestido
así que lo primero que hice fue vestirle.
Ahora, estoy aquí, frente al mar, pero estoy despidiendome, y
mientras lo hago aprovecho de escribir esta carta, que de seguro
llegará semanas antes que yo, no se porque siempre pasa eso,
pero de cierto modo me alegra que sepas que voy en camino hacia ti.
Me gustaria que pudieras ver este hermoso paisaje, aunque nuestro
campo esta a la altura de cualquier ojo critico.
Entonces, esperame, que voy, al voltearme y al dejar de ver
este mar, todas mis fuerzas estarán concentradas en ti, y
en volver a tomar tus manos.
¿me esperas aun, con tantas ansias?
lunes, 5 de diciembre de 2011
Volviendo
El tiempo ha corrido impetuosamente, y mis dias en altamar
ya pronto se acabarán, que curioso y extraño será pisar tierra
firme, pero es que ya no puedo ir tan a la deriva en mi vida,
yo lo se, y tu también lo sabes verdad? hemos intentado
besar las rocas junto a los peces, hemos mirado a la luna desnuda
en la intimidad del oceano infinito, cuando la noche es más clara
que el día y no hacen falta ni el licor ni el amor, sólo necesitamos
los ojos. Bueno, el punto es que estoy escribiendo esta mi última
carta desde el hermoso y grande barco de mi libertad, creo poder
ver a lo lejos el puerto y aun tengo que darme un tiempo para hacer
mis maletas, en unos minutos guardaré mis libros, mi pipa y mis
camisas, blancas como siempre claro.
Hay cosas que sólo se aprenden en altamar, cosas que ni aun en
el más grande de los lagos podrás ver ni vivir, como el sentimiento
de frescura del mar, saber donde nace el viento, ver con tus ojos
el embarazo de las nubes, ver como toman con sus manos el agua fresca
y apreciar con que arte le liberan de la sal pesado y espesa. Bueno,
eso jamás lo verás en tierra firme. Tampoco verás los rayos, tan
nitidos que puedes apreciar la mano de Zeus soltandolos, y crees
poder ver la boca de su fuerza al soltar los relampagos, jamás, jamás
podrás ver eso en otro lugar. El mar te ofrece paz, desde luego, cuando
así lo quiere, pero cuando es así, los dolores se vuelven enseñanza,
y los fracasos oportunidades, no hay amor que no pueda concretarse
en altamar y lamento, con mi corazón que usted, no haya tomado esta vez
este viaje conmigo, pero mi alma es sabia al volver del mar, y tengo
ideas que pienso concretar al verte otra vez.
Cuando cumplí mi cuarto mes en altamar, muchos ya no estaban y el barco
se volvió silencioso, paseando por la proa pude ver a la sirenas, hechas
no de carne, sino de espuma, blanca espusa son sus brazos y torso, dorados
sus rostros y multicolor sus hermosas aletas. Pocos pudieron verla,
y me siento feliz de haberlo hecho. Cuando tuvimos la opotunidad de nadar
en altamar, a cuidado del capitan pude ver creaturas gigantescas, inimaginables
para cualquier hombre. Me sentía pequeño, disminuido, y sin duda debil,
nadie puede pararse ante el mar y decir -Obedece mis palabras. Nadie
tiene esa arrogancia.
Cuando el mar te conoce te confia secretos, el mar conoce bien al hombre,
le ha dado trabajo, alimento, diversion, amor, paz, belleza, por siglos,
así que las palabras del mar, nunca se olvidan, pero como son tan sublimes
no puedo decirlas aqui, tendrás que esperar que mis labios te cuenten
al oido, la poesía del mar latente.
Y eso, de manera sencilla, es un poco mi sentimiento al volver de tan
increíble viaje, aunque aun no estoy en tierra, aunque aun no estoy
seco, creo que cuando mi mente y corazón supieron que volverian ya, me
aleje del mar maravilloso.
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