domingo, 3 de julio de 2011

Hoy, he leído miles de cartas, cartas que yo he escrito, cartas que recuerdan quien fui, quien soy, y que he intentado ser. Primero leí una carta de hace unos cuatro años, una carta de despedida y madurez, una carta dedicada al viento y al mar, intenté decir que podía vivir, que podía sentir y que podía cambiar. No tuvo mucho sentido, cuando muere un sentimiento sólo la razón queda y si la razón no habla es por que no hay camino, debí darme cuenta en el momento, pero no, me quede un tiempo más en esa carta, en ese tiempo y en esa historia. No pude salir de ahí hasta que leí la segunda carta, de hace unos tres años, la escribí plantado en la cima de un cerro, ya era más libre, pensaba en mi mismo y escuchaba atentamente mis pensamientos, solía hablar con ellos y me sentía bien, fue una carta de proceso, de traslado, una carta que me sirvió de puente, dentro de ella compré un par de buenos zapatos, y una polera con nuevas pieles, fabriqué mi propio aroma y cultivé mis propios ideales, olvidé el sentido de las ideas colectivas y me hice a mi mismo. Caminando encontré otra carta, de hace unos dos años atrás, muy sobria y sencilla, entre café y espuma, con letras lindas y curbilineas , con mucho sentido y razón, fue una buena carta, fue como fumar un buen tabaco, o como disfrutar de un buen asiento. En esa carta encontré a un hombre, no a un niño, alguien valiente y con planes claros. Aun no terminaba esa carta cuando encontré otra, de hace un año, esta era, más curiosa, sin extremos, sin exclamaciones, leerla fue como escuchar a alguien dar una charla de como relajarse y vestirse cómodamente, en ella pude ver a un veinteañero calmado, con bigotes y libros, con colores cálidos y luces tenues. Un asombro intelectual y sencillo me hacía pensar que este fue el mejor año, un joven, lejos de casa, con sentimientos fuertes e ideológicos, mirada hacia el futuro, manos grandes y firmes, más de un metro y medio de altura, con cerveza fina, café y miel, escribe la última carta... la que lee ud.

3 comentarios:

  1. no es simple, nada simple la verdad, echarse a juntar hilos que formen un camino de palabras, que no deben o no quieren o no pueden ser al azar... no es fácil ni mucho menos transformar nuestra existencia en una idea, ni mucho menos es sencillo escribirlo para sintetizar.
    Pero una vez que empiezas no vuelves a parar, la necesidad constante de construir telas con tus hilos que brotan sin cesar.
    Las palabras que vienen, no se van, hay que escucharlas para hacerlas sonar. Me alegra saber que hay gente que se interesa por escribir algo más que una queja en un mural.

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  2. Sé quien eres y aun así me emociona responder este comentario.
    Creo que es fácil deducir que son aquellas cartas, son fases, etapas de mi vida, algunas mucho mejores que otras, pero todos igual de valiosas. tengo que admitir que tengo algunos conflictos conmigo al momento de escribir, porque tiendo a ser muy sincero, pero mientras más sincero soy más profundo me pongo. ¿le pasará a alguien más?

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