viernes, 22 de octubre de 2010

La Cara Humeda


Señor Lector

Destellos en mi mente, desde hace unos 20
días desde que estoy en este vapor de 500 toneladas
de puro acero y roble antiguo y vestidos de damas
de mil perfumes.
guitarras mal dibujadas, manos secas por el frio del sur,
pisadas marcadas de niños en la alfombra blanca del
salón del té. Murmullos sobre la perdida de cordura de
este trip por el sur del resto del mundo.
y yo...casi consiente de lo que siento, no hago más que
aguardar mi tiempo para gritar "ajá" y tirarme sin pensar
por las cadenas de la más grande ancla de sus pasiones
sobre mis dedos, dedos miles, cientos y varios y cinco.
Ella permanente, ella delicada y más fuerte que la
cordillera, más solida que filosofía antigua y más certera
que mi amor.
Señor Lector, estoy disfrutando mi viaje, gozando cada
segudo que puedo disponer. Ya casi ni miro mi reloj.
hoy, no hay mucho que decir, nos hemos adentrado
mar adentro y no veo más que una alfombre azul oscuro
que se expande por la totalidad de mi vista.
quizás creo haber visto algunos pajarillos, pero nada
singular...y sobre mi bailarina, no se ha dejado ver por la proa
ni por la popa del vapor.
estoy ansioso por verla y enfrentarme a ella, la soledad me
ha dado fuerzas que yo no esperaba.
así que mientras le escribo mi carta, a las 5:47 de la mañana,
mientras el sol estira sus brazos a los lejos en el este, solo controlo
mi mareo y dejo que el rocio mantenga mi cara Humeda.

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